El propio desarrollo económico de nuestro país se basa en gran medida en la extracción y exportación de recursos naturales y biodiversidad y en el aprovechamiento de los servicios ecosistémicos que ellos brindan. Es decir, el uso directo e indirecto de los bienes y servicios ecosistémicos es totalmente transversal en el modelo de desarrollo económico del país.
Se entiende por servicios ecosistémicos a la contribución directa e indirecta de los ecosistemas al bienestar humano. Estos servicios se clasifican en cuatro componentes:
Servicios de aprovisionamiento: productos o bienes tangibles que se obtienen de los ecosistemas y que en su mayoría presentan un mercado estructurado. Ejemplo de estos bienes son: alimentos, agua, combustibles, fibras, materias primas, recursos genéticos, bioquímicos, entre otros.
Servicios de regulación: servicios relacionados con los procesos ecosistémicos y con su aporte a la regulación del sistema natural. Ejemplo de ellos son: la regulación climática, la purificación del agua, la polinización, la regulación de enfermedades, el control biológico, la protección contra riesgos naturales, regulación de la erosión, entre otros.
Servicios de soporte: servicios necesarios para el funcionamiento del ecosistema y la adecuada producción de servicios ecosistémicos. Su efecto sobre el bienestar de las personas y la sociedad se manifiesta en el largo plazo a través del impacto en la provisión de otros bienes y servicios ecosistémicos. Ejemplos de este tipo de servicio son: la producción primaria, provisión de hábitats, ciclo de nutrientes, ciclo del agua, entre otros.
Servicios culturales: servicios no materiales que el ser humano obtiene de los ecosistemas y que están muy ligados a los valores humanos, su identidad y su comportamiento. Ejemplos de este tipo de servicio son el enriquecimiento espiritual, inspiración, desarrollo cognitivo, recreación, valores estéticos, educación, sistemas de conocimiento, entre otros.
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