Un ecosistema es un complejo dinámico de comunidades vegetales, animales, de microorganismos y su medio no viviente, que interactúan como una unidad funcional. Por lo tanto, considera a todos los seres vivos y el ambiente que los rodea, lo que incluye las variables abióticas y sus relaciones.
Ecosistemas Terrestres:
Los ecosistemas terrestres comprenden la biodiversidad terrestre presente en un área geográfica determinada y las interacciones que esta establece con los factores abióticos que conforman su entorno. Estos componentes definen el hábitat de las especies y otorgan estructura y funcionamiento al ecosistema.
Su organización se basa en flujos de energía, nutrientes, organismos e información, los cuales sostienen procesos ecológicos clave como los ciclos de nutrientes, la fotosíntesis, la descomposición, las interacciones entre flora y fauna, la sucesión ecológica y los mecanismos de herencia genética.
A lo largo del territorio nacional, esta diversidad se distribuye en un gradiente latitudinal marcado: desde el desierto absoluto y las formaciones xerofíticas del norte, pasando por matorrales y bosques esclerófilos en la zona mediterránea, hasta los bosques templados lluviosos del sur y los ecosistemas subantárticos, estepas frías y turberas de la zona austral. Esta heterogeneidad ecosistémica posiciona a Chile como un país con alta diversidad ecológica, lo que refuerza la importancia de su conservación y gestión sostenible.
ECOSISTEMAS TERRESTRES RELEVANTES
Desierto absoluto
Pampa desértica en el interior de las regiones de Arica y Parinacota, Tarapacá y Antofagasta, entre 600 y 2.100 m de altitud. Zona que carece casi completamente de vida vegetal, excepto en algunos sectores con presencia de napa subterránea salobre donde se observa un matorral adaptado a suelos con alta salinidad.
Bosque y matorral esclerófilo
Ecosistema propio de los territorios de clima mediterráneo de Chile central. Es dominado por diversas formas de vida, desde arbustos espinosos hasta especies arbóreas esclerófilas (de hojas duras) y laurifolias, resistentes a inviernos fríos y lluviosos y veranos secos y calurosos, como quillay, litre y peumo.
Bosque templado lluvioso
Ecosistema único ubicado entre la Cordillera de los Andes y el océano Pacífico en el sur de Chile. Destaca por su alta pluviosidad, vegetación siempreverde, su gran endemismo y especies típicas como coigues, robles, alerces, arrayanes y una gran cantidad de helechos, musgos y líquenes.
Ecosistemas Marinos:
Los ecosistemas marinos son esenciales por su enorme biodiversidad, que incluye microorganismos, algas, invertebrados, pece riqueza biológica sostiene servicios ecosistémicos fundamentales, como la provisión de alimentos, la regulación climática, el secuestro de carbono, la protección costera y el soporte de actividades culturales y económicas. Su conservación es clave para la resiliencia ecológica y el bienestar de las comunidades humanas.
Ecosistemas Acuáticos Continentales
Los ecosistemas acuáticos continentales corresponden a cuerpos de agua dulce o salobre donde interactúan plantas, animales, microorganismos y factores físicos y químicos. Estos ecosistemas ocupan menos del 1% de la superficie terrestre y cumplen funciones clave en el ciclo hidrológico, la biodiversidad y el flujo de nutrientes, lo que les otorga un alto valor ecosistémico. Pueden presentar aguas frías o cálidas, y ser permanentes o temporales. Incluyen sistemas lóticos (de aguas en movimiento); sistemas lénticos (de aguas quietas); humedales, con saturación permanente o temporal; y aguas subterráneas.Conoce más de humedales AQUÍ
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Charla mostró modelos de rutas para proteger al huemul en Ñuble y Biobío
La conectividad del paisaje de una de las especies más emblemáticas del país fue el eje de una nueva edición de Encuentros SBAP. En la charla, se presentó un modelo que identifica zonas clave para el desplazamiento del huemul (Hippocamelus bisulcus) en la Reserva de la Biósfera Corredor Biológico Nevados de Chillán–Laguna del Laja, un territorio estratégico para la conservación de esta especie amenazada entre las regiones de Ñuble y Biobío.
La exposición, a cargo de la Ingeniera en Conservación de Recursos Naturales, Pía Rivero Pinto, abordó un desafío central para la conservación de esta especie, donde se señaló que no basta con proteger lugares aislados, sino que para que el huemul pueda desplazarse, alimentarse, reproducirse y adaptarse a los cambios del paisaje, necesita corredores naturales que conecten sus zonas de hábitat.
El estudio identificó 23 nodos o parches de hábitat idóneo, que en conjunto abarcan más de 198 mil hectáreas, además de 48 posibles rutas de conexión. Estos antecedentes permiten reconocer áreas prioritarias, sectores críticos y “cuellos de botella” donde la pérdida o fragmentación del hábitat podría dificultar el movimiento de la especie.
Uno de los hallazgos relevantes es que una parte importante del hábitat apto para el huemul se encuentra fuera de las áreas protegidas actuales. Esto muestra la necesidad de mirar la conservación a escala de paisaje, considerando áreas públicas, privadas, corredores biológicos y distintos actores del territorio.
Desde el Servicio se destacó que este tipo de información entrega una base concreta para orientar decisiones de planificación, restauración y conservación, en coherencia con las acciones del Plan RECOGE del huemul. La charla permitió acercar conceptos técnicos a una pregunta clave para la gestión pública: cómo cuidar mejor a una especie amenazada cuando su supervivencia depende también de los espacios que conectan sus territorios.
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