La diversidad de conocimientos enriquecen la conservación
La comprensión de la biodiversidad no proviene únicamente de la ciencia. Comunidades locales y pueblos originarios han desarrollado, a lo largo del tiempo, conocimientos y prácticas que reflejan una relación profunda con la naturaleza.
Estos saberes aportan miradas complementarias, basadas en su experiencia, la observación y el vínculo cultural con el territorio. Integrar distintos tipos de conocimiento permite abordar la conservación desde una perspectiva más amplia, respetuosa y conectada con las realidades locales.
La ciencia como base para comprender la biodiversidad
La ciencia nos permite conocer la riqueza de especies, ecosistemas y procesos naturales que existen en el planeta. Gracias a la investigación científica, hoy entendemos mejor cómo funcionan los ecosistemas, cómo se relacionan las distintas formas de vida y cuáles son los impactos de las actividades humanas sobre ellos.
Este conocimiento es clave para la toma de decisiones, la creación de políticas públicas y el diseño de estrategias de conservación que permitan proteger la biodiversidad de manera efectiva y sustentable.
Promoción del conocimiento acerca de la biodiversidad: conectar, educar y movilizar
La promoción de la biodiversidad busca acercar estos conocimientos a la ciudadanía, generando conciencia y fomentando el compromiso con su cuidado. No se trata solo de informar, sino de crear experiencias significativas que conecten a las personas con la naturaleza.
La educación ambiental y las estrategias comunicacionales permiten llegar a diversos públicos a través de múltiples formatos y plataformas. Así, se facilita la comprensión de conceptos complejos y se llama a la acción individual y colectiva.
Promover la biodiversidad es fortalecer el vínculo entre las personas y su entorno, impulsando cambios que contribuyan a su protección en el día a día.
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Charla mostró modelos de rutas para proteger al huemul en Ñuble y Biobío
La conectividad del paisaje de una de las especies más emblemáticas del país fue el eje de una nueva edición de Encuentros SBAP. En la charla, se presentó un modelo que identifica zonas clave para el desplazamiento del huemul (Hippocamelus bisulcus) en la Reserva de la Biósfera Corredor Biológico Nevados de Chillán–Laguna del Laja, un territorio estratégico para la conservación de esta especie amenazada entre las regiones de Ñuble y Biobío.
La exposición, a cargo de la Ingeniera en Conservación de Recursos Naturales, Pía Rivero Pinto, abordó un desafío central para la conservación de esta especie, donde se señaló que no basta con proteger lugares aislados, sino que para que el huemul pueda desplazarse, alimentarse, reproducirse y adaptarse a los cambios del paisaje, necesita corredores naturales que conecten sus zonas de hábitat.
El estudio identificó 23 nodos o parches de hábitat idóneo, que en conjunto abarcan más de 198 mil hectáreas, además de 48 posibles rutas de conexión. Estos antecedentes permiten reconocer áreas prioritarias, sectores críticos y “cuellos de botella” donde la pérdida o fragmentación del hábitat podría dificultar el movimiento de la especie.
Uno de los hallazgos relevantes es que una parte importante del hábitat apto para el huemul se encuentra fuera de las áreas protegidas actuales. Esto muestra la necesidad de mirar la conservación a escala de paisaje, considerando áreas públicas, privadas, corredores biológicos y distintos actores del territorio.
Desde el Servicio se destacó que este tipo de información entrega una base concreta para orientar decisiones de planificación, restauración y conservación, en coherencia con las acciones del Plan RECOGE del huemul. La charla permitió acercar conceptos técnicos a una pregunta clave para la gestión pública: cómo cuidar mejor a una especie amenazada cuando su supervivencia depende también de los espacios que conectan sus territorios.
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